Soy una amante de sacar fotos al arte callejero. Para mi, cuando alguien deja plasmado algo en una pared, cuando toca un instrumento, cuando cantan en la vereda, son formas de entregar un pedazo de sí para que alguien lo vea, lo escuche, se interpele y lo reinterprete. Muchas veces me pasó de sentirme atravesada por este tipo de expresiones, por eso cuando se planteó la consigna de fotografiar grafitis y escribir sobre ellos salí emocionada del aula.
He de confesar que voy a hacer trampa, pues esta foto no la saqué la semana pasada, sino en enero de 2023, en plaza España en Mendoza. “¿Sos realmente libre?”, se pregunta una pequeña ¿hormiga? (¿Qué diablos es ese bicho?) plasmada en una cabina de luz . Parece premonitorio considerando el momento en el que estamos como sociedad.
La libertad ha sido un tópico muy cuestionado (sobre todo en esta época) y hoy esa inscripción callejera emula un eco de la tensión que habitamos. No obstante, la pregunta por la libertad tiene sus huellas -por supuesto- en años anteriores. No es ninguna novedad que ha sido la consigna de muchas décadas, con definiciones y significados muy distintos:
- “¿Adonde está la libertad?” de Pappo Blues de 1971 es una reflexión profunda sobre la búsqueda de la libertad en un contexto de opresión y caos social.
- “Libre” de Nino Bravo de 1972 es un reflejo mucho más soft y del género pop, donde la libertad en la vida del protagonista es comparada con elementos de la naturaleza como el sol, el mar, un ave y el viento.
- “Blues de la libertad” de Patricio Rey y sus redonditos de ricota es una obra de 1996, que describe a la libertad como “fiebre, oración, fastidio y buena suerte”.
La etapa actual de la historia no refleja la libertad de Nino Bravo, esa libertad casi idealizada, naturalizada y boluda de creer que es un pájaro volando. Es, más bien, la libertad de Pappo en los ‘70, la pregunta angustiada ante la opresión, o el blues desgarrador de Los Redondos, esa fiebre que se anhela porque se sabe ausente, el fastidio de comprender que ningún refugio alcanza cuando la realidad afuera quema.
Hoy en Argentina (y en Latinoamérica en general) la palabra "libertad" se ha convertido en un estandarte sostenido para rivalizarse, un slogan, una palabra que se reconoce solo pintada de violeta en muchos casos, totalmente vaciada de su contenido colectivo y transmutado en una apología al egoísmo y la individualidad que impone la época."La patria es el otro", se escuchaba hace no mucho haciendo eco con los edificios, y esa consigna es hoy más que nunca, el mapa y la brújula para encontrar la respuesta a esa pregunta: "¿Sos realmente libre?".
La libertad nunca estuvo marcada en un mapa, nunca fue un destino al que se llega en soledad, sino ese instante en que una pregunta en una cabina de luz nos hace detenernos, sentarnos en un banco, mirar a las señoras chismeando en la plaza, al hombre que fuma apoyado en un árbol, al señor que riega el poco pasto de la árida provincia. La pregunta de aerosol nos interpela a lxs que habitamos la periferia, a las pequeñas ¿hormigas?, a lxs que contemplamos al otrx, a lxs que solo tenemos nuestro cuerpo y voz para reclamar un lugar en la historia, en esta más que nunca.
Este graffiti se irá borrando con la lluvia, se irá perdiendo con el tiempo, no se si seguirá allí o si habrá sido tapado por un póster de un festival, pero quedará flotando en el aire esa duda, o al menos registrada en la retina de aquellxs que frenamos a verlo o lo fotografiamos para Instagram.
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